Mientras todos duermen, la ciudad está envuelta en la neblina fría de la madrugada. Un sonido constante rompe el silencio de las históricas calles del Centro Histórico. No es el ruido del tráfico ni el bullicio de los turistas. Es el sonido de la hidrolavadora y del trabajo digno de los soldados azules.

Son las 05:00 de la mañana. El reloj biológico de la ciudad aún está en pausa, pero para Viviana Narváez, ayudante de barrido y recolección de EMASEO EP, la jornada está por terminar. Su turno empieza a las 00h00 y concluye a las 08h00, todos los días del año. Vestida con su uniforme azul reflectante,su segunda piel, la chaqueta de EMASEO no es solo un requisito laboral: es su armadura, es su orgullo.

Viviana representa a cientos de mujeres que, día tras día, desafían los estereotipos y el cansancio físico para mantener limpia nuestra ciudad. Muchas veces la sociedad mira hacia otro lado cuando pasa un camión recolector o cuando una compañera realiza barrido manual. Pero Viviana nos detiene con su mirada. En sus ojos no hay sumisión; hay una dignidad inquebrantable.

Ser mujer en EMASEO significa asumir una doble responsabilidad. Significa tener la fortaleza para levantar lo que otros tiran y la sensibilidad para entender que detrás de cada bolsa de basura hay una familia, una comunidad. Viviana no solo recoge desechos: cuida la salud pública, protege la historia de nuestras calles y asegura que, cuando el sol salga, Quito brille con orgullo.

Si pudiéramos escuchar los pensamientos de Viviana en ese momento, mientras ajusta sus guantes de trabajo y mira a la cámara con una mezcla de cansancio y esperanza, entenderíamos que esto no es solo un empleo.

“Lo hago por mis hijos”, parece decir su postura firme. “Lo hago para que tengan un futuro, para que puedan estudiar y no tengan que pasar por el frío que yo paso hoy. Limpio esta ciudad con el mismo amor con el que barro mi propia casa”.

Esa es la fuerza silenciosa de las mujeres que sostienen la limpieza de la ciudad en las largas horas de la madrugada: transforman una tarea exigente en un acto de cuidado colectivo. Son quienes trabajan cuando muchos descansan, sacrificando horas de sueño y comodidad para que la ciudad despierte limpia y ordenada.

Viviana nos invita a reflexionar. La próxima vez que camines por las calles del Centro Histórico y veas el uniforme azul de EMASEO, no mires a través de ella. Mírala a los ojos. Detrás de esa gorra y esa chompa reflectante hay una historia de lucha, de superación y de una fuerza vital que sostiene a nuestra ciudad.

Viviana nos recuerda que no hay trabajo pequeño cuando se hace con grandeza de espíritu. Gracias a ella y a todas las mujeres de EMASEO. Ustedes son las primeras en despertar para que Quito pueda empezar un nuevo día limpio y digno.